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Sebastian Vettel. @ RBR / LAT Photographic |
En 2007, tras los dos mundiales consecutivos de Fernando
Alonso con Renault, la Fórmula 1 buscaba otro piloto para hacer frente al
asturiano y reditar así los duelos de este con Michael Schumacher, o los de dos
décadas antes entre Ayrton Senna y Alain Prost. El Kaiser acababa de retirarse
y Lewis Hamilton parecía el elegido, pero había un piloto que apuntaba a crack,
y que encima provenía de un país sin tradición alguna en la F-1, era Robert
Kubica. Gran amigo de Alonso, el polaco estaba destinado a ser campeón del
mundo, sin embargo un accidente en un rallye en febrero de 2011 truncaría su
carrera. Esa temporada de 2007, otro accidente estuvo a punto de apartarle
prematuramente de la F-1 en Canadá. Kubica salía vivo de un accidente dantesco
en el que su monoplaza quedaba destrozado, y BMW se quedaba sin piloto para el
Gran Premio de Indianápolis. Debían buscar un sustituto, y el elegido era un
imberbe alemán que ya había asombrado a propios y extraños en los
entrenamientos libres de Turquía de 2006, cuando le habían dejado subirse al
monoplaza el viernes marcando el mejor tiempo de la sesión. El piloto en
cuestión era Sebastian Vettel. La apuesta de BMW era a caballo ganador. Vettel
no solo rompió el record de ser el más joven en participar en un GP, sino que
también se convirtió en el más joven en puntuar, al sumar su primer punto. A
final de esa temporada Red Bull lo subió a un Toro Rosso, y en 2008 hizo su
primera temporada completa, siendo el más joven también en ganar una carrera,
el Gran Premio de Italia de esa temporada con pole incluida. Luego vendría su subcampeonato en
2009 ya con Red Bull, y el resto de la historia ya la conocen, tres títulos
mundiales consecutivos que se completaron ayer en Brasil.
Es bueno conocer a veces la
historia para poder hablar coherentemente del presente. Sino, corremos el
riesgo de no saber valorar lo que vivimos en este momento. El primer error que
podemos cometer al hablar del alemán es creer que, como su trayectoria en la
F-1 está plagada de éxitos, podemos pensar que estos le han sido regalados o puestos
en bandeja de plata. Nada más lejos de la realidad.
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Massa, Alonso y Button en el podio. @ Ercole Colombo |
Aunque resulte curioso, en el
deporte más tecnológico en el que los números y los ordenadores son la clave de
todo, es imposible asegurar quien es el mejor piloto de una temporada. Si uno
tiene el mejor coche, enseguida buscamos a otro piloto que tenga un coche
inferior para darle el premio de consolación. Por eso, no hay que buscar cinco
pies al gato, el mejor debe ser el que gana, y lo contrario no son más que
palabrerías y discusiones de chigre. La fórmula 1 se compone de un binomio
hombre – máquina, y mientras que no se demuestre lo contrario, el segundo
elemento pesa más que el primero. Si me preguntasen quien ha sido el mejor
equipo este año diría que Red Bull, pero si me preguntasen cual ha sido el
mejor coche que hemos visto en pista diría que el McLaren, igual que creo que
el más fiable ha sido el Ferrari.
Desde que la F-1 se ha puesto a
la altura del futbol en este país en cuanto a popularidad se refiere, no hay
nada peor para un amante de este deporte que los días posteriores a una carrera
clave o al final de un campeonato. La cantidad de insensateces que se escuchan
a veces nos hacen olvidar la filosofía de este deporte. Así que, voy a tratar
de aclarar un puntos que pienso que debemos tener presentes.
El primero es que con un coche
malo no se queda subcampeón. Ni Ayrton Senna, ni Juan Manuel Fangio ni Michael
Schumacher lo hubieran conseguido. Se puede ganar con un coche inferior, porque
afortunadamente en este deporte hay muchas más variables en juego, pero nunca
con un coche malo. Así que, toda esa sarta de sandeces de que el Ferrari es un
“patato” o de que el Ferrari es el “coche de los Picapiedra” la podemos aparcar
a otro lado. Y que conste que lo digo con cariño, sobre todo a mis estupendos
compañeros de tertulia en Onda Cero.
En segundo lugar, si analizamos
por qué Alonso ha perdido el mundial, nunca deberíamos justificarlo en el
accidente con Grosjean o en la no exclusión de Vettel en Japón como hizo Alonso
tras la carrera de Brasil. Personalmente entiendo las palabras del asturiano
porque sé que estos últimos años ha madurado mucho y no hay nadie como él para
hacer piña, y motivar a su equipo y a sus seguidores. Además, aunque nunca lo
ha reconocido en ninguna entrevista, estoy seguro que más de una vez le habrá
pasado por la cabeza su negativa a aceptar la oferta de Red Bull para irse con
ellos tras su temporada en McLaren. Porque para los que no lo recuerden, Alonso
eligió pasar su calvario particular de dos años en Renault para esperar por el soñado
asiento de Ferrari en lugar de subirse a un coche prometedor por el que, en
aquel entonces, nadie apostaba un duro, el Red Bull de Adrian Newey.
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Newey, Vettel y Horner. @ RBR / LAT Photographic |
Pero, ¿acaso no hay otros
elementos que explican su derrota? Creo que si. Dado que el coche importa más
que el piloto, no habría que preguntarse ¿por qué por segundo año consecutivo
en Ferrari han tenido que abandonar su túnel de viento para irse a Colonia al
viejo de Toyota? O ¿por qué cuando hablamos de la escudería de mayor tradición
en la F-1 siguen sin tener un crack en aerodinámica como Adrian Newey en Red
Bull? Para los que no lo sepan o no lo hayan leído en otras ocasiones en este
blog, les recuerdo que el último mago de la aerodinámica que tuvo Ferrari fue
Rory Byrne. Es curioso pero ¿saben cuando trabajó este sudafricano en
Maranello? Pues entre 1997 y 2006. Efectivamente, justo cuando se llevaron seis
títulos de constructores seguidos y cinco de pilotos con Schumacher. A por
cierto, el alemán se llevó otros dos en Benetton, y también con Byrne de
ingeniero jefe de diseño. Y para rematar, ¿saben de qué equipo proviene
Benetton? Pues de Toleman, donde en 1984 debutó un joven brasileño que se
convertiría para muchos en el mejor piloto de la historia. Y ¿saben quien
trabajaba de ingeniero en Toleman cuando Senna asombró al mundo y humilló a
Prost en Mónaco ese año? Pues la respuesta es la misma, Rory Byrne.
Entonces, ¿cual es la cuestión?
Ferrari cuanta con uno de los tres mejores pilotos de los últimos diez años, y
seguro que uno de los diez mejores de la historia. Encima Alonso no ha cometido
ningún error grave en toda la temporada, al contrario, ha firmado su mejor
temporada en Ferrari y una de las mejores desde que está en la F-1. Y para
redondear la jugada, su coche no se ha roto ni una sola vez. Entonces, ¿por qué
no han ganado? Pues muy sencillo. Porque en frente han tenido a otros dos
cracks al volante, Vettel y Hamilton. Con la diferencia de que el primero ha
tenido detrás a un equipo que, aunque ha tenido problemas mecánicos, si contaba
con un genio de la aerodinámica que aportó ese plus necesario para ganar el
mundial. Mientras que Hamilton, a pesar de contar con un coche casi perfecto en
cuanto a prestaciones se refiere, ha tenido por un lado todos los problemas inimaginables
en los pit stop en el arranque del año, se le ha roto todo lo que se podía
romper, y encima, si Alonso se topó con Grosjean en Spa, Hamilton lo hizo con
Maldonado en Valencia, con Hulkemberg en
Brasil y con el propio Grosjean en Spa, vamos que le tocó bailar con la más
fea. Si lo analizamos carrera a carrera, el más perjudicado este año no ha sido
Alonso, sino Hamilton. Si en 2011 hablábamos de la falta de concentración del
inglés, su temporada este año ha sido también casi perfecta, y sin embargo no
ha optado al título teniendo el coche más rápido de la temporada. Él si puede
quejarse de haber tenido todas las calamidades del mundo.
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Michael Schumacher. @ MAP / HOCH ZWEI |
Bueno, para no alargarme demasiado, me quedo con varias
imágenes de ayer antes de que llegue el tedioso invierno que nos mantiene
alejados de nuestro deporte favorito. Por un lado la despedida definitiva de
Michael Schumacher a quien su equipo le ha regalado el monoplaza utilizado en
Brasil como Ferrari hizo en 2006. Como siga retirándose más veces se va a hacer
una parrilla en casa. Por otra parte, la también despedida de HRT y De la Rosa,
de quienes también tenemos que sentirnos orgullosos por haber llegado hasta
aquí. Y por último, la simpática aventura de ayer de Kimi Raikkonen. Al
finlandés se le fue la pinza y tras salirse al prado, encontró lo que le
pareció una escapatoria, cuando realmente era el viejo trazado de Interlagos.
Si llega a tener más asfalto se pone a dar vueltas rápidas, todo un crack.
Bueno, hemos llegado al final de una temporada apasionante.
No se si el año que nos veremos aquí de nuevo, pero de momento vamos a pensar
que así será. Un abrazo a tod@s y no sufrir, Australia llegará el 17 de marzo.