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Webber, Vettel y Hamilton en Malasia. @ P |
Quizás el caso más sangrante es el de los austriacos, con
Vettel como actor principal. La fórmula 1, al contrario de los que muchos
piensan, sobre todo en España donde nunca hemos tenido un equipo puntero, es un
deporte de equipos y no de pilotos. El campeonato más importante es el de
constructores y no el de pilotos, principalmente porque es el que más dinero
mueve. Por esa razón, las órdenes de equipo han existido siempre, incluso
cuando estaban prohibidas, y seguirán existiendo. A lo largo de la historia
hemos visto como algunos patrones de escuderías daban órdenes, en ocasiones
para que uno de sus pilotos obtuviera un privilegio sobre su compañero de cara
a poder obtener el mundial de pilotos, pero lo que nunca hemos visto es a un
patrón dejando que sus dos pilotos se despellejen en la pista poniendo en juego
la posición final del equipo. En el Gran Circo eso viene a ser como uno de los
diez mandamientos de la Biblia. Tan solo cuando se han juntado dos gallos de
pelea en un mismo corral, sus egos y sus ganas de victoria han podido más sobre
las órdenes del patrón. El mejor ejemplo de este último caso el de Prost y
Senna en McLaren a finales de los ochenta.
Todos tenemos claro que Vettel es el aspirante al título
2013 dentro de Red Bull, y para el que no lo tenga, le recuerdo que es
tricampeón mundial. Pero si en la segunda carrera del año tu jefe te pide que
no ataques a tu compañero debes obedecer. Y si no estás de acuerdo, deberías
haber protestado cuando te explicaron que la contraseña de “Multi 21”
significaba que las posiciones con tu compañero debían quedar como estaban.
Esas cosas se discuten en las reuniones que se hacen entre pilotos, ingenieros
y jefes de equipo en los camiones en el paddock y no en la pista. El
atrevimiento de Vettel le dio siete puntos más de cara al certamen de pilotos,
pero le pudo costar 43 de cara al de constructores. Valoren ustedes.
No es de extrañar por lo tanto la peineta que le dedicó Mark
Webber tras ser adelantado por el alemán, o la imagen del muro de Adrian Newey
y Cristian Horner desesperados cuando veían que sus dos coches podían acabar
tirados en la hierba malaya.
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Rosberg y Hamilton. @ MB |
Algo parecido ocurrió en Mercedes, aunque el desenlace fue
diferente. Con la tercera y cuarta plaza asegurada, algo que parecía un sueño
el año pasado para los germanos, Ross Brawn dejó claro que había que mantener
las posiciones porque no podían ir a por los Red Bull. Sin embargo Nico Rosberg
se empeñó en comunicar por la radio su malestar por no poder atacar a Lewis
Hamilton insistiendo que era más rápido. Lo primero, eso es algo que habría que
haber visto, porque el pilotaje del inglés sería diferente si no hubiese la
orden de mantener los puestos. Y en segundo lugar, el alemán parece no conocer,
al igual que Vettel, la importancia del mundial de constructores. En el
automovilismo, bien sea fórmula 1, rallyes o la especialidad que quieran, las
órdenes del jefe de equipo se acatan sin más, y cuando uno no lo hace acaba
teniendo problemas con el equipo. En este caso Rosberg fue un “chico bueno” y
cumplió con lo que le dijo Ross Brawn, pero demostró una postura infantil por
la radio. Además, debería de tener un poco más de respeto por su compañero, que
por otro lado es campeón del mundo como fue su padre Keke.
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Alonso es llevardo al paddock por un comisario. @ P |
Esos árboles que no nos dejan ver el bosque son los que nos
pueden alejar de los objetivos claros, el mundial de constructores, las órdenes
de equipo, o sumar puntos aunque uno no sea el ganador de la carrera. Seguro
que tras Malasia alguno de los tres protagonistas habrá aprendido la lección y
la próxima vez se lo pensará dos veces en la misma situación.