lunes, 17 de octubre de 2011

GP COREA - Ingenieros y pilotos, un repaso a la historia


Adrian Newey. © L.M.Reyes.
 Han sido muchos los artículos que he leído a lo largo de la semana coincidiendo con el debate que os planteaba en el billete de Japón acerca de si Vettel era un grande o no. Lo cierto es que, al contrario de lo que yo opino, y de lo que sé que muchos de vosotros pensáis, en la mayoría de esos artículos no valoran tan bien a Vettel, y dan todo el mérito al Red Bull. Lo curioso es que los que coinciden en esa idea son españoles, y cuentan con una memoria frágil.

La fórmula 1 es un deporte en el que el coche pesa entre un 60 y un 70 por ciento en el porcentaje de éxito de un piloto. Eso es algo indiscutible y fuera de toda duda. Sin embargo, la gente se encuentra ahora obsesionada con Adrian Newey, y le otorga a él el único mérito de que Sebastian Vettel sea bicampeón del mundo. Efectivamente, Vettel debe a Newey parte de su éxito, pero no todo es culpa del inglés. Busquemos en la memoria y en las hemerotecas. ¿A caso el británico Colin Chapman, o los sudafricanos Gordon Murray, y Rory Byrne no han sido tan o más influyentes en la F-1 que Newey? Pues claro que sí, pero es mucho más fácil menospreciar a un piloto y dar los honores a un ingeniero, que reconocer que un imberbe alemán merece ser halagado como sus veteranos rivales.

Colin Chapman. © Raimund Kommer.
El gran número de invenciones aerodinámicas de Chapman en los Lotus de los 60 y 70 supera con creces todo lo que Newey haya podido hacer en Red Bull estos años, desde el introducir la carga positiva con un alerón trasero que subía un metro del coche para poder coger aire limpio que no pasaba por el monoplaza, hasta la carga negativa, o efecto suelo, que consiguió con las famosas faldillas que colocaba en los bordes del monoplaza para crear una depresión y conseguir que el monoplaza se pegase al asfalto. Con Chapman en Lotus, pilotos como Graham Hill, Emerson Fittipaldi o Jackie Stewart fueron campeones del mundo.

Gordon Murray. © Sutton Images.
 Si miramos las creaciones de Murray nos encontramos con el coche que más ha dominado en una temporada, el McLaren MP4/4 con el que Senna triunfó en 1998. Esa temporada, el brasileño y su compañero Alain Prost se llevaron 15 de las 16 carreras de la temporada. Tan sólo Gerhard Berger les arañó un triunfo en Italia. En el mismo número de carreras, este año Red Bull ya se ha dejado cuatro triunfos. Y qué decir del Ferrari de Byrne. De ese seguro que se acuerdan, es el que tantas victorias le dio a Michael Schumacher en la década pasada. 
Rory Byrne. © Carla Piccola.

Entonces, si seguimos la teoría de que Vettel no es aún nadie en la F-1 a pesar de ser bicampeón del mundo, ¿a caso tenemos que calificar igual a Hill, Fittipaldi, Senna, Prost o Schumacher? Pues no señores. Desgraciada o afortunadamente, la tecnología está totalmente ligada a la F-1, y las innovaciones tecnológicas son el caldo de cultivo de los campeones del mundo. Pero para que estos salgan y se consagren, también hace falta que el piloto sea un grande, porque sino, no se consiguen dos títulos del mundo. Hay que tener manos y hambre de victoria para llegar a lo más alto, y de momento a Vettel, no le falta ni lo uno ni lo otro.
 Que nadie se obsesione con Newey o con Vettel. La fórmula 1 lleva 61 años siendo así, y el día que cambie no será fórmula 1. Para los que amamos este deporte, tan admirable es la labor de los pilotos como la de los ingenieros. La suma de ambos es la esencia de las carreras. No cabe duda que en otros deportes los porcentajes son diferentes, pero también hay médicos, entrenadores o preparadores físicos que ayudan a ganar títulos. Los deportes puros de deportista no existen hace muchos años.

lunes, 10 de octubre de 2011

GP JAPÓN - ¿Es Vettel uno de los grandes?


Sebastian Vettel. © L.M.Reyes.

El libro de oro de la F-1 tiene desde ayer un nuevo miembro. No se entra en la élite del automovilismo por haber conseguido un título mundial, pero cuando reeditas este logro al año siguiente ya tienes muchas papeletas para entrar en la historia por la puerta grande. Son muchos los que opinan que con un monoplaza tan efectivo como el Red Bull de este año es difícil no ganar, pero Vettel ha demostrado que ha estado a la altura de los más grandes no cometiendo errores graves. Tan sólo el final de la carrera de Canadá puede merecer una reprimenda de Horner. Sus números están ahí para cerrar bocas, y para hacer más meritorios sus triunfos.
Lo primero en lo que nos debemos fijar es su edad. Ha destrozado todos los records que había hasta la fecha de triunfos en función a la juventud. Tan sólo le ha quedado el del debutante más joven, que curiosamente sigue en manos de Alguersuari dos años después. El último en fijar su nombre ha sido el que tenía Alonso de bicampeón mundial.
Pero además, tiene muy cerca dos marcas estratosféricas, las de poles y victorias en una temporada. La primera la atesora Nigel Mansell con el mítico Williams FW 14 B con motor Renault en 1992. El inglés consiguió ese año 14 poles, eso sí, de un total de 16 carreras. Porque Vettel lleva ya 12 de 15 disputadas, pero a falta de las cuatro que restan para terminar el mundial. Para los que conocieron la F-1 con Alonso, decirles que eso si que era un monoplaza que dominaba aplastantemente a sus rivales. Debutó un año antes y tan sólo la magia de Senna fue capaz de parar sus triunfos y arrebatarles el campeonato con el vetusto McLaren Mp4/6. Por cierto, saben quién fue el diseñador del todopoderoso Williams, pues el mismo que ha diseñado el Red Bull de Vettel, Adrian Newey.
La segunda marca a batir en lo que queda de año es la de triunfos en una temporada. El registro es de Michael Schumacher en 2004, y el monoplaza el Ferrari F2004 diseñado por el sudafricano Rory Byrne, el mismo que ha sonado en los mentideros de la F-1 en los últimos meses para volver a Maranello a poner orden en las ideas de sus ingenieros. El Kaiser se llevó esa temporada 13 victorias de las 18 posibles. Vettel lleva nueve, con lo que sumando las cuatro restantes empatará a Schumacher, aunque con peor promedio.

Jenson Button. © L.M.Reyes.

Y si analizando todos estos números, aún no creen que Vettel debe estar entre los grandes de este deporte, podemos analizar lo que ha ocurrido estas dos temporadas. La pregunta es clara. ¿A caso el RB7 que Red Bull utiliza este año es muy superior al Rb6 del año pasado? Pues contrariamente a lo que se pueda pensar, creo que no. Pero analicemos los resultados de los dos monoplazas de Newey. El año pasado, a falta de cuatro carreras, la gente de Horner llevaba seis carreras ganadas, cuatro de Webber y dos de Vettel. En McLaren llevaban las mismas que este año, cinco. Aunque Hamilton y Button se hayan repartido los triunfos inversamente, este año tres para Button y dos para Hamilton. Button es otro de los valores en alza esta temporada. Contrariamente a lo que yo habría apostado, ha superado a su compañero rodando mejor que el año que ganó el mundial con Brawn, mientras que Hamilton se ha visto muy descentrado con todas las polémicas en las que ha estado metido, rindiendo menos de lo que se puede esperar de él.
Entonces, ¿por qué nos parece el dominio de Vettel y su RB7 tan abrumador? Porque mientras que el año pasado Alonso llevaba cuatro triunfos, esta temporada tres de esas victorias han ido a parar al germano, y además, las cuatro de Webber también. La conclusión es clara. Por un lado Horner se ha dejado de tonterías y ha apostado por su mejor piloto, evitando que ambos peleen en la pista tras las calificaciones. Por otro, que en Ferrari están mucho peor que el año pasado. Massa sigue sin sumar nada, y Alonso, a pesar de haber pilotado con menos errores que el año pasado, no ha podido llevarse más que un triunfo. La arenga de Montezemolo a su equipo en Abu Dhabi el año pasado tras el ridículo en la estrategia de la última carrera no ha servido para mucho. Su falta de competitividad ha ayudado a que el reinado de Vettel sea más esplendoroso de lo que debiera. No le quito méritos ni mucho menos a Vettel, pero si peleas contra un equipo en lugar de contra dos, es un poco más fácil. Aún así, debemos rendir pleitesía al nuevo bicampeón. ¡Larga vida al rey germano!

lunes, 26 de septiembre de 2011

GP SINGAPUR - La noche les confunde


Jaime Alguersuari. © L.M.Reyes.

He comentado varias veces la similitudes que encuentro entre el equipo Ferrari y el Real Madrid de Mourinho. Lo que pasó ayer tras la carrera de Singapur hace que me corrobore en esta teoría. Por un momento pensé que era cosa de que había luna llena. Comprobé la fase lunar en la que nos encontramos, y vi que no era tema de astros. Luego pensé en que alguien en Ferrari está ejerciendo de entrenador portugués. Podría ser el capo Montezemolo, Domenicali, el jefe de prensa Colagianni, o los mismísimos Alonso o Massa. Pero no, luego lo vi claro, era la noche de Singapur, la noche les confunde.
Me ha parecido muy patético todo lo que hemos podido ver tras la excelente carrera de Vettel de ayer. Por cierto, el chico del dedo índice debe conseguir un punto en las cinco carreras que restan para ser campeón. Me parece que Ecclestone debe estar tirándose de los pelos. No me extrañaría verlo en Japón o en Corea tratando de sabotear el Red Bull para que las audiencias no caigan en picado tras el título del alemán. Pero volvamos al tema spaguetti.
El primero en abrir la caja de los truenos ayer fue Alonso en las declaraciones en el corralito tras la carrera. El asturiano lanzó un dardo envenenado a Alguersuari por no haberle facilitado el adelantamiento cuando iba a doblarlo, y cuando a la vez se peleaba con Webber por buscar el tercer cajón del podio, porque el primero y el segundo ya estaban sentenciados. Es cierto que el catalán no estuvo excesivamente hábil, pero pensar que era una maniobra orquestada con su equipo matriz para perjudicar al asturiano me parece un poco retorcido.
Por si fuera poco, en Ferrari a alguien se le ocurrió la brillante idea de echar leña al fuego incendiando la red con tweets alagando al pinchadiscos. Y para rematar, mientras que Hamilton era entrevistado por una televisión, llega Massa por detrás, le da un par de empujones, y le dice que “buen trabajo” con un tono bastante desafiante por el incidente de ambos en la pista. Parece que al brasileño le dura aún el escozor del 2008 cuando el inglés le birló el campeonato en su tierra en la última vuelta. La verdad es que eso debe doler mucho, pero entiendo que no tanto como para que dure tres años después. Si yo fuera Hamilton tendría miedo llegar a casa y encontrarme una cabeza de caballo en mi cama, al más puro estilo Corleone. Lo único que nos falta es saber quien ejerce de Marlon Brando en la escuadra italiana.
Lo de Massa y lo de Ferrrari lo puedo hasta entender, porque la falta de clase es innata en ambos. Lo que me parece más difícil es entender lo de Alonso. Aunque falten cinco carreras y ya no tenga opciones matemáticas, mientras que el año pasado llegó a la última carrera con posibilidades, pienso que este ejercicio ha sido mucho mejor que el anterior. Ha cometido menos errores y nos ha regalado momentos muy buenos de pilotaje. Lo que ocurre es que su equipo no ha estado a la altura de Red Bull. Por eso, enfrascarse en una pelea dialéctica con tu único compatriota en el gran circo en lugar de hablar un poco de la desastrosa actuación de tu equipo me parece un poco absurdo. ¿Por qué nadie en su equipo habló ayer del nefasto set up que utilizaron que destrozó los superblandos, o por qué tenían problemas con los consumos? Porque eso es mucho más embarazoso y vende mucho menos. Ferrari debe recuperar el norte y centrarse en proporcionar un coche ganador a Alonso, y él debe olvidarse de cosas superfluas como sus declaraciones contra Alguersuari. Su temporada no ha sido mala, tan solo se han encontrado enfrente al binomio Vettel-Newey, y eso le pasa factura hasta a Webber. Ahora solo queda saber cuando consigue el alemán el punto que le falta para ser el bicampeón más joven de la historia. En frente, tan sólo un rejuvenecido Button sigue con opciones matemáticas. El inglés sigue asombrando con la mejora de pilotaje que hace carrera a carrera. Quizás el secreto sea Michibata.